38) Buscando la libertad en Jesucristo en los últimos tiempos.

La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         En estos tiempos de pandemia vivimos la Época del Imperativo Moral que apunta urgentemente hacia una “Cristocracia”, en el sentido de la autoridad, control o sistema de Cristo en nuestras vidas, especialmente en relación con los principios del reino de los cielos o reino de Dios entre nosotros. Esto representa la transformación social a los principios, valores y virtudes de Jesucristo, quien representa el amor y justicia divina. Ninguno se equivoque, porque según la determinación de Dios Padre el centro de todo lo creado es Jesucristo. Dios ostenta la autoridad y atributo de Creador y Supremo, aunque culturalmente algunos traten de negar su existencia y potestad, especialmente cuando se niegan los méritos de su Hijo. La verdadera apología o defensa es la que se hace para alabanza, exaltación y honra de Jesucristo. La sociedad por lo general vive solamente como habituada a este mundo, sin dar importancia a la vida venidera, acerca de la vida eterna para el servicio a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo. Hemos abandonado la verdadera libertad de amistad, confianza e intimidad con Jesucristo, pero ahora con la nueva normalidad social, prevalece el amor y el bien común promovido por Cristo. Su ejemplo y modelo de vida, demuestran que el Señor es nuestra gloria y digno de toda honra. Lo mejor que le puede pasar a un ser humano en este mundo, es llegar a ser amigo de Jesucristo, en su relación íntima y personal: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias” (Juan 15.12 al 15 – RVR1909).

 

         La amistad sí existe con Jesucristo, así como Abraham se hizo amigo de Dios: “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras? Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2.20 al 24 – RVR1909). Abraham es probado en su auténtica amistad con Dios, su confianza y seguridad en el amor y fe a Dios es confirmada. La fe se actúa y de ninguna manera es ciega, se piensa y se reflexiona, se perfecciona en Abraham mediante su demostración por las obras resultantes de la fe. Pero esta amistad de la fe de Abraham nunca será la misma amistad del mundo. La Biblia dice: “Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4- RVR1909). Según este análisis, ¿cuál es la relación actual de amistad, entre la sociedad mundial con Jesucristo? Máxime cuando Jesucristo mismo dice que él era desde antes de Abraham, por lo tanto, hace mención de su preexistencia: “Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8.58 – RVR1909). ¿Cuál es la observación del mundo contemporáneo a Jesucristo? La Biblia dice: “Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?” (Marcos 1.27 – RVR1909).

 

         Entonces, ¿cuál es la relación actual del mundo con Jesucristo? La Biblia dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo” (Hebreos 1.1 al 2 – RVR1909). Queda demostrado con la evidencia del COVID-19, que la dirección conductual del mundo entero, tiene que replantear su relación con el Señor de Gloria y Honra. Los últimos años presentaron una diversidad de movimientos sociales, que la pandemia del virus COVID-19 fuerza a la moderación y sosiego. Ahora estamos en el movimiento dirigido por Dios el Creador y dueño de todo lo existente, porque la preeminencia actual es volver la mirada hacia su Hijo, a quien Dios establece como el heredero de todo: “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las gentes, Y por posesión tuya los términos de la tierra” (Salmos 2.7 al 8 – RVR1909). El Apocalipsis o Revelación dice lo siguiente: “… El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza” (Apocalipsis 5.12 – RVR1909). Después de la legalización en varios países del aborto, cannabis recreativo, eutanasia, matrimonio de igualdad civil, suicidio asistido, llegó la pandemia del Coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2. Por ejemplo, Dios en su palabra prohíbe la fornicación: “Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios” (Hebreos 13.4 – RVR1909). La sociedad civil con su legislación ha deslucido y eliminado el atractivo del matrimonio, ahora la unión que antes se consideraba fuera del matrimonio, se ha legalizado e igualado al matrimonio, de tal manera que se formalizó la fornicación dando oficialidad y respaldo legal como matrimonio de igualdad civil. Lo mismo en el caso de la legalización del aborto.

 

         Las llamadas conquistas o derechos sociales de los últimos años, donde se promueve que cada quien haga lo que quiera con su cuerpo, contrastan con lo espiritual, sin compromiso y responsabilidad ante Dios, de lo contrario estarían acorde con su palabra y voluntad. El mundo está muy confundido y desorientado ante Dios. El mal ejemplo de una legislación nacional lo sigue consecutivamente otras naciones. Semejante al mal ejemplo de algunas personas, lo siguen otros como sistemas de modas: “Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová” (Levítico 19.28 – RVR1909). Las corrientes del mundo están inmersas en ausencia de criticidad y desinformación, sin censura a las acciones y conductas impropias, indignas e infames, contrarias a la santidad suprema de Dios.  La humanidad ha desafiado y retado a Dios, pero ha tenido que hincar su rodilla ante la pandemia que nos tiene sitiados, porque este virus nos ha cercado y cerrado todas las salidas. Esto requiere un análisis y pensamiento de fondo en profundidad, con un replanteamiento sobre nuevas bases del adoctrinamiento directo y original de Jesucristo. ¿Por qué socialmente se deshonra a Jesucristo y estamos al límite del tiempo de su segunda venida? Porque la humanidad ha sido probada reiteradamente en el transcurso de su historia, en espera de un auténtico y genuino arrepentimiento, conversión y resarcimiento, pero los humanos siguen sin un cambio consciente y verdadero. La pandemia COVID-19 o SARS-CoV-2 es una llamada de atención, para que el ser humano despierte del sueño de desobediencia, reaccione con rectificación de su conducta y reivindicación de su vida. Además que logre comprender y entender a plenitud su propósito esencial y vital, en su dimensión natural, espiritual y celestial en el hábitat del planeta, con la responsabilidad debida ante Dios. El mensaje recibido desde el medio ambiente, no es transmitido por la naturaleza creada, sino que es un aviso y advertencia directamente del Creador.

 

         Dios no quiere la muerte espiritual del que muere en pecado: “Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová, convertíos pues, y viviréis” (Ezequiel 18.32 – RVR1909). Ahora, Dios ha pasado por alto la actitud pecaminosa del mundo, en espera de una transformación de la forma o manera de ser: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17.30 al 31 – RVR1909). Se deshonra a Jesucristo cuando se desestima su ejemplo y lucha contra el pecado: “Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca” (1 Pedro 2.21 al 22 – RVR1909). Jesucristo ha demostrado como humano la obediencia incondicional a Dios Padre: “El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen” (Hebreos 5.7 al 9 – RVR1909).

 

         Jesucristo nos liberta del pecado, por consiguiente de la muerte espiritual: “¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.21 al 23 – RVR1909). Esto significa que el ser humano en la dimensión natural, la práctica del pecado le impide trascender a la espiritual, porque por el pecado es muerto sin accesibilidad en términos espirituales:

 

“Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia: Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos” (Efesios 2.1 al 5 – RVR1909).

 

         Por esta razón el que es solo natural, no entiende ni puede entender lo espiritual: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR1909). Lo que pasa es que glorificar y honrar a Jesucristo se hace sin practicar el pecado, porque la dimensión natural está apegada a lo terrenal, pero escalar a lo espiritual requiere alabanza, adoración, consagración, dedicación, exaltación, glorificación, honra, pacificación, reconocimiento y santificación: “Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios” (Romanos 8.5 al 8 – RVR1909). Jesucristo con su muerte en la crucifixión vence tanto al pecado como a la muerte:

 

“Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, á aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar á la gloria á muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 1.9 al 11 – RVR1909).

 

         Jesucristo fue claro al decir a las personas que no pecaran más: “Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros: y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más. Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.9 al 12 – RVR1909). También dice la Biblia: “Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado” (Juan 5.14 al 15 – RVR1909). Quien no comprende y entiende el fondo en profundidad de la enseñanza, mensaje y palabra de Dios, entonces ignora las Sagradas Escrituras y el poder de Dios. Porque el Padre es Dios de vivos y no de muertos, algunos habituados a esto, nacen, crecen, procrean y mueren sin ningún interés ni instrucción en realizar la lectura de la Biblia:

 

“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os es dicho por Dios, que dice: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Y oyendo esto las gentes, estaban atónitas de su doctrina. Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una.” (Mateo 22.29 al 34 – RVR1909).

 

         Así que el ser humano practicante del pecado, ya no tiene más excusa, frente a la demostración de Jesucristo como humano, en carne y sangre: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo, Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre” (Hebreos 2.14 al 15 – RVR1909). La evasión, indiferencia, negación y rechazo a Jesucristo, por medio de la práctica del pecado, es aborrecimiento, o sea, aversión, odio y repugnancia hacia Jesucristo y su Padre: “Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado. El que me aborrece, también á mi Padre aborrece” (Juan 15.22 al 23 – RVR1909). Así algunos cambian lo malo y lo hacen pasar por bueno, como está escrito: “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5.20 – RVR1909). La auténtica y verdadera libertad es la que ofrece Jesucristo, el mundo se desboca en defensa por el libertinaje del desenfreno de la conducta, en el borde del despeñadero de la cultura de la muerte, en el precipicio de los tiempos del fin: “He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no derramarán su lumbre; y el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor. Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes” (Isaías 13.9 al 11 – RVR1909; Mateo 24.29 al 30; Apocalipsis 6.12 al 17).

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