17) La comunión y el respeto a la autoridad de Dios.

La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         La participación de lo común entre seres humanos, además de su función de respiración y los componentes del aire, está la importancia de la tierra donde la vida se desarrolla. Especialmente porque según el Génesis, fuimos creados y formados de la tierra y a la tierra volvemos en el proceso posterior a la muerte: “En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado” (Génesis 3.19 – RVR1909). Además se dice: “Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á Dios que lo dió” (Eclesiastés 12.7 – RVR1909). El ser humano cuando muere exhala su último hálito de vida, que es el espíritu de vida, al expeler, o sea, expulsar su aire de sus pulmones y del estómago. Esta expresión también la encontramos en Génesis, al decir: “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fué el hombre en alma viviente” (Génesis 2.7 – RVR1909). La esencia del ser humano en su función corporal y psíquica, en relación con sus funciones biológicas y fisiológicas, depende del fruto de la tierra y de su respiración, para el proceso de vida natural.

 

         El enfoque del propósito y sentido de la vida está en el conocimiento y sabiduría celestial de Dios Padre, quien envía en su representación a su Hijo Jesucristo, para testificar y transmitir este conocimiento y sabiduría celestial, que esclarece mediante la iluminación del verdadero propósito y sentido de la vida que nos acerca al Padre: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). El propósito y sentido de esta vida es la transición de lo natural a lo espiritual, para trascender finalmente a lo celestial, sin el apego a lo material y terrenal, que enceguece y nubla una forma de vida en Cristo: “Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús…” (Hebreos 12.2 – RVR1909). Además: “Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado á la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3.1 al 2 – RVR1909). El ser humano confunde el propósito y sentido de la vida, la humanidad se encuentra desorientada y sin rumbo, absorbida con los siguientes factores que alteran o distorsionan su diario vivir:

1) Una vida inmersa en el mundo de las conjeturas, creencias, interpretaciones, opiniones, supuestos y teorías, que excluyen el verdadero discipulado en Jesucristo.

2) Las costumbres, gustos, modas, preferencias y tradiciones contrarias a la voluntad de Dios.

3) Las confabulaciones, conflictos y conspiraciones de las luchas de poder, desenfrenadas y dominadas por la avaricia, codicia, egoísmo y envidia del mundo.

4) El afán, ansiedad, apariencia, consumismo, depresión, estrés, frustración, lucro, lujo, opulencia, ostentamiento y vanidad.

5) Los extremismos del enriquecimiento degenerado y la miseria discriminatoria y marginada.

 

         Jesucristo es la cautela, discernimiento y prudencia, que con su ejemplo y modelo de vida, transmite las enseñanzas y mensaje suficiente para proceder en el diario vivir, con la cotidianidad necesaria para la salvación y vida eterna. La demostración de vida comunitaria a favor del bien común, con la ayuda mutua, cooperación, servicio comunitario, solidaridad, subsidiaridad y voluntariado, tomando en cuenta la dirección de Dios, mediante la obra del discipulado de Jesucristo y la acción de energía o poder del Espíritu Santo, contribuyen a una mejor relación de convivencia entre seres humanos. Las opciones de albergues comunitarios, altruismo, bancos de alimentos, becas estudiantiles, brigadas solidarias, centros de atención nutricional infantiles, comedores estudiantiles, comisiones o comitivas de ayuda social, comités comunitarios, donaciones o donativos por amor y caridad, escuelas de educación primaria y técnica gratuita, filantropía, fundaciones altruistas, guarderías de cuido infantil, instituciones sociales, ofrendas alimentarias o económicas para los empobrecidos, organizaciones u organismos sin fines de lucro, recolectas de fondos para causas específicas sociales, salones comunitarios, sitios de acopio de materiales reciclables, tributo a Dios o diezmo solidario, sirven para equilibrar entre los que más tienen y los que más necesitan, especialmente cuando entre los habitantes, hay porcentajes de población que se encuentran en desempleo y sin remuneración. 

 

         El designio establecido por Dios Padre para el ser humano, es que Jesucristo sea el enfoque para las cuestiones de trascendencia entre lo natural, espiritual y celestial. En el principio se altera la armonía, comunión, equilibrio y unidad, tanto en los seres angelicales como posteriormente en los seres humanos. La Biblia contiene algunas llaves para descubrir este principio y posibilitar una idea del suceso acontecido en el origen del bien y del mal. Dios Padre es el Creador de todo lo existente, inclusive del séquito celestial que le acompaña, y se dice que una de sus criaturas primeramente es portador de luz y luego se vuelve su adversario como el ángel caído. Para el análisis respectivo se requiere considerar primeramente a Dios, como el creador del poder de decisión en todos los seres existentes, previo a la existencia del bien o del mal. Es Dios quien establece en sus criaturas la capacidad de tomar decisiones, lo que pasa es que muchas veces la decisión es consecuente de luchas de poder. Por ejemplo, el dominio económico, militar, político, religioso y territorial, las guerras de la colonización, con agresión, explotación, invasión geográfica y violencia.

 

         Una decisión puede ser antecedente de una lucha de poder, máxime cuando se trata del ser humano y su afán por el enriquecimiento, fama, pleitesía, prestigio y reconocimiento, generadores de acumulamiento, egoísmo, envidia y odio, especialmente cuando esto surge reforzado por la arrogancia, orgullo y soberbia de quienes dirigen y gobiernan, tanto en el caso particular de sus propias vidas como individuos o a una colectividad como la sociedad. Por lo general se concluye en enojo, ira, resentimiento y venganza, ya sea del individuo o de la manifestación de los pueblos. Esto se presenta en el ángel caído: “¡Cómo caiste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto á las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del aquilón; Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14.12 al 14 – RVR1909). Mi solio se refiere a la semejanza a Dios en el trono en la perpetuidad de autoridad, gobierno y poder, en lugar de la semejanza a Dios en la consagración y santidad, para la conservación de la perfección. Esto se demuestra cuando dicho ángel caído, en lugar de un arrepentimiento, conversión y resarcimiento genuino, influye primeramente en Adán y Eva: “Mas temo que como la serpiente engaño á Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo” (2 Corintios 11.3 – RVR1909) y luego en Caín, quien mata a su hermano Abel: “Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4.8 – RVR1909).

 

         La decisión es solamente una decisión, su implicación en bien o mal la determina la consecuencia de la decisión, por esta razón el conocimiento aporta las herramientas teóricas necesarias para tomar una decisión; y la sabiduría provee la capacidad de aprovechar o utilizar dicho conocimiento a la hora de tomar una decisión en la experiencia de la práctica. Por consiguiente conocimiento y sabiduría van de la mano e interactúan entre sí. Por lo tanto, Dios de ninguna manera establece el defecto, imperfección o pecado en su creación, sino la facultad del poder de decisión de su creación, con la capacidad de cada quien de asumir sus propias consecuencias y responsabilidades de sus acciones. Jesucristo dijo:

“Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas. Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él. Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16.13 al 15 – RVR1909).

 

         Si Dios es el creador del poder de decisión en todos los seres creados, tanto los seres angelicales, como seres humanos, entonces ¿Cuándo y con quienes surge la función del temperamento? El pasaje mencionado anteriormente indica que Dios conoce nuestros corazones. La dureza o flexibilidad de corazón es determinado por el temperamento, que contiene un dispositivo de código energético inactivo en la memoria energética del temperamento. El mismo se activa solamente por disposición del llamado de Dios, por esta razón está escrito que si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (el subrayado es nuestro):

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me enemisté con esta generación, Y dije: Siempre divagan ellos de corazón, Y no han conocido mis caminos. Juré, pues, en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón con engaño de pecado: Antes exhortaos los unos á los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado: Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza; Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fué con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y á quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino á aquellos que no obedecieron? Y vemos que no pudieron entrar á causa de incredulidad (Hebreos 3.7 al 19 – RVR1909).

 

         La fe de y en Jesucristo es el detonante para activar el código energético de la memoria energética del temperamento, este reposo que se hace alusión en el pasaje anterior es Jesucristo mismo como el Conocimiento Celestial, quien es la llave del corazón y del reino: “He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias” (Apocalipsis 3.20 al 22 – RVR1909). Tanto Dios Padre como nuestro Señor Jesucristo su Hijo Amado, son respetuosos de la capacidad de poder de decisión de los seres creados, por este motivo a pesar de tanta corrupción, destrucción y maldad, la humanidad continúa existiendo en espera de mejores decisiones. Pero si el ser humano persiste en evadir su responsabilidad de escuchar a Jesucristo, y en mantener cerrada la puerta, entonces se finalizarán las oportunidades a las que se tiene la opción de acceder, entre tanto oyere su voz sin endurecer su corazón:

“Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo á Cristo:) O, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver á traer á Cristo de los muertos.) Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos: Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud” (Romanos 10.6 al 10 – RVR1909).

 

         Adán y Eva eran portadores del poder de decisión, pero simultáneamente contenían el temperamento con la patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios. Así es genéticamente en toda la existencia de la humanidad, la duda e indecisión al obedecer a Dios, es propia de la naturaleza del ser humano desde su formación en la concepción y gestación. Esto de ninguna manera significa que al dar origen a un nuevo ser, el mismo sea portador del bien y del mal, sino que la duda e indecisión se lleva consigo para que se cumpla y manifieste el llamado de Dios: “Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme á nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, Mas ahora es manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte, y sacó á la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1.9 al 10 – RVR1909). Se dice en este pasaje que nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. Recordemos que Jesucristo fue engendrado por obra del Espíritu Santo en esta vida, pero ya preexistía en la vida anterior como jefe de ángeles e Hijo primogénito y unigénito de la creación de Dios Padre.

 

         Así la humanidad viene a esta vida por primera vez encarnada como ser humano y está establecido que muere una vez y después el juicio final: “Y de la manera que está establecido á los hombres que mueran una vez, y después el juicio” (Hebreos 9.27 – RVR1909). También hay un componente energético, de la memoria energética del ser humano que tiene preexistencia, similar al caso de Jesucristo, pero en relación con los ángeles indecisos. La Biblia dice:

“Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz: Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo; En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados: El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura. Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos” (Colosenses 1.12 al 20 – RVR1909).

 

         Otro pasaje hace alusión y referencia tanto de lo que está en los cielos como lo que está en la tierra: “Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría é inteligencia; Descubriéndonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que se había propuesto en sí mismo, De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra: En él digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad, Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo” (Efesios 1.8 al 12 – RVR1909). La idea de que los seres humanos tienen un antecedente como procedencia de entre los ángeles indecisos, es una creencia de conocimiento antiguo, extra o fuera de la Biblia, pero con mucho sentido en la explicación del propósito de la existencia del ser humano, posterior a los ángeles caídos, para oportunidad de los ángeles indecisos de tomar su propia decisión en la tierra.

 

         Jesucristo dijo: “Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo” (Lucas 10.18 – RVR1909). Se cree que la tercera parte de ángeles se decidieron arrastrar y caer por el ángel que los lideraba en la rebelión “Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las echó en tierra” (Apocalipsis 12.4 – RVR1909). La Biblia menciona otro grupo de ángeles fieles en su decisión de seguir a Dios, que liderados por el jefe de ángeles batallaron contra el ángel caído y los ángeles que le seguían: “Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo. Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fué arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12.7 al 9 – RVR1909). Entendemos que hay decididos en ambos bandos, el bien y el mal, cuando se menciona la acción de engañar, se refiere al grupo de los que están indecisos, desde Adán y Eva hasta nuestros días y los que faltan por venir: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles” (Romanos 11.25 – RVR1909). La expresión hasta que haya entrado la plenitud, significa que todavía falta completarse en número la cantidad de indecisos, además acerca de la arrogancia, se dice que fue determinante en la decisión del ángel caído:

“En Edén, en el huerto de Dios estuviste: toda piedra preciosa fué tu vestidura; el sardio, topacio, diamante, crisólito, onique, y berilo, el zafiro, carbunclo, y esmeralda, y oro, los primores de tus tamboriles y pífanos estuvieron apercibidos para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tu contratación fuiste lleno de iniquidad, y pecaste: por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín cubridor. Enaltecióse tu corazón á causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría á causa de tu resplandor: yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti” (Ezequiel 28.13 al 17 – RVR1909).

 

         En el pasaje anterior se realiza una analogía o comparación de un rey con el ángel caído, también se menciona el enaltecimiento del corazón, y como escenario el Edén, el huerto de Dios. El Árbol de la Decisión es el mismo Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal presente en el Edén: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2.15 al 17 – RVR1909). La decisión es simplemente una decisión, su resultado es la consecuencia de bien y de mal, según sea congruente con la voluntad de Dios, o sea, se requiere primeramente conocer que la voluntad de Dios es buena, justa y santa, de manera que su infracción establece el mal proceder, el comportamiento y conducción de las acciones. Jesucristo es la verdad que nos hace libres: “Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8.31 al 32 – RVR1909). Jesucristo es representado con el Árbol de la Vida y la posibilidad de vivir para siempre, o sea la vida eterna:

“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre: Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3.22 al 24 – RVR1909).