13) Las actitudes y el carácter.


La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         Las actitudes se relacionan con el carácter, en el sentido de actuar con una disposición anímica de buen juicio y madurez, ecuanimidad, equilibrio, prudencia y sensatez, influenciada por la combinación de conocimiento y experiencia, frente a las circunstancias y vicisitudes, ya sean adversas o favorables de la vida cotidiana. Jesucristo dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.29 – RVR1909). Además en las actitudes podría afectar negativamente, la realidad de las cargas acumuladas de adversidad enfrentadas en el momento, y la desesperación de una solución sin resolver. Por ejemplo, como síntomas del acoso y hostigamiento escolar o laboral, se presenta la alteración del ánimo en forma extrema y la consecuente provocación de cólera, despecho, enojo, resentimiento y venganza. También las actitudes reciben influencia de los propios preconceptos o prejuicios, en relación con la concepción de afecto, aprecio y consideración de la valoración de sí mismo, por ejemplo, una autoestima baja.

 

         La experiencia de vida o experticia, sumado al conocimiento, principios y valores, posibilita como consecuencia el ser educado y culto, en el saber actuar, comportarse y vivir, para afinar, desarrollar y perfeccionar las facultades del intelecto, moralidad y sentimiento. La persona adquiere una distinción, prestigio y reconocimiento en la forma de ser, además del dominio y superación en el afecto y la sensibilidad, con la finalidad de dejar la mejor imagen e impresión de conducta y comportamiento, y sirve como señal de ejemplo y testimonio de modelo de vida en la convivencia con los demás, a partir de la intención y reacción de sus emociones, sentimientos y vivencias: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse: Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas. Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos” (Santiago 1.19 al 22 – RVR1909).

 

 

         Hay una variada clasificación de los tipos de actitudes, pero por lo general se espera una postura de la actitud erguida y con la frente en alto, sin ceder o rebajar a una actitud impulsiva, instintiva y perjudicial, sin conciencia y ni reflexión. La actitud es tomar una posición frente a cualquier obstáculo o situación de manera enérgica, fuerte, optimista, segura y valiente. Así como hay amor y su ausencia en el desamor, hay antivalores y valores, la antítesis de las actitudes son su escases, de manera que se podría decir que a una persona le falta actitud. Sin embargo, debido a la cantidad de tipos de actitudes, preferimos agrupar en las convenientes e inconvenientes, beneficiosas o perjudiciales, negativas o positivas, por consiguiente en buenas o malas.  En resumen, las actitudes son como una medida para identificar la acción o reacción de la persona, según su propio catálogo de creencias y valores mentales, afectadas por un estímulo o motivación, y como resultado genera una emoción o sentimiento en un sentido específico. La Biblia dice: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.22 al 25 – RVR1909).

 

         También intervienen factores hereditarios como lo biológico o genético, por ejemplo, el comúnmente berrinche propio de algunos infantes, en su coraje o enojo particular que los caracteriza desde su nacimiento. Afecta también la interacción con el aprendizaje, hábitat, medio ambiente y los hábitos frecuentes acostumbrados, valga la redundancia, por ejemplo, la meditación, oración y reflexión diaria en el mensaje de Jesucristo. Por esta razón se afirma una relación entre actitud y carácter, debido a su capacidad de modificación con el espacio y el tiempo, conforme el avance de la edad en la persona, su aprendizaje y experiencia de vida, especialmente si su proyección y visualización de la vida está puesta en Dios: “Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40.31 – RVR1909). La Biblia dice: “Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sofonías 2.3 – RVR1909).

 

         Las actitudes y el carácter coinciden de forma sincronizada e integralmente, en relación con la consagración y santidad, cuando la enseñanza o mensaje de Jesucristo permea y toma el control de nuestro temperamento, para mejorar nuestra personalidad gobernada por Jesucristo: “Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra” (Mateo 5.39 – RVR1909). El temperamento es la medida de reaccionar y ser, en el caso de Jesucristo es amor, luz y servicio. No se trata de cualquier luz, sino la luz de Dios, o sea, la luz del quinto elemento, correspondiente a la luz divina de la creación del agua, aire, fuego y tierra. Esta luz corresponde al primer día de creación: “Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz” (Génesis 1.3 – RVR1909), por consiguiente es la luz de la iluminación de Dios, diferente a la luz generada por el sol creado en el cuarto día de la creación:

“Y dijo Dios: Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años; Y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fué así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas. Y púsolas Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno. Y fué la tarde y la mañana el día cuarto” (Génesis 1.14 al 19 – RVR1909).

 

         La diferenciación entre la luz de la iluminación de Dios con la lumbrera del Sol, nos sirve de comparación para comprender la diferencia, entre el órgano del corazón y el temperamento como la dureza de corazón. La Biblia dice: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad? El que anda en integridad, y obra justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no detrae con su lengua, Ni hace mal á su prójimo, Ni contra su prójimo acoge oprobio alguno” (Salmos 15.1 al 3 – RVR1909). Otro pasaje dice: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmos 139.23 al 24 – RVR1909). El corazón representa las actitudes, emociones y sentimientos, la dureza del temperamento es el centro motriz que determina el grado de flexibilidad, para ceder anímicamente con facilidad o dificultad en estas actitudes, emociones y sentimientos, comparado con el corazón de piedra cuando prevalece la obstinación o terquedad, a pesar de la posibilidad de razonamiento. Aquí es donde se acciona la fe de y en Jesucristo para tomar control del temperamento, porque solamente Dios puede cambiar la dureza del corazón: “Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.31 al 32 – RVR1909).

 

         Muchas personas aparentan ser amables, bondadosas, comprensivas, generosas, humildes, sencillas, solidarias, hasta desenmascarar su verdadero carácter y sus auténticas actitudes, emociones, intenciones, planes, propósitos y sentimientos ocultos: “… Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros caminos y vuestras obras. Y dijeron: Es por demás: porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón” (Jeremías 18.11 al 12 – RVR1909). El carácter está relacionado con lo característico de la persona que le permite una identidad propia, reconocida especialmente por su comportamiento y expresión, de manera que se comprueba ser la misma persona que dice ser: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado” (Gálatas 6.7 al 9 – RVR1909). Lamentablemente desde reyes hasta el pueblo se endurecieron a la voz de Dios:

“De veinte y un años era Sedecías cuando comenzó á reinar, y once años reinó en Jerusalem. E hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová. Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse á Jehová el Dios de Israel. Y también todos los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la prevaricación, siguiendo todas las abominaciones de las gentes, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalem. Y Jehová el Dios de sus padres envió á ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando: porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor de Jehová contra su pueblo, y que no hubo remedio” (2 Crónicas 36.11 al 16 – RVR1909).

 

         Por la obstinación y rebeldía del ser humano, Dios es Amor en su misericordia, pero también Fuego Consumidor del pecado e injusticia, porque el ser humano tiene que asumir su propia responsabilidad, esto implica sus actitudes, carácter, emociones, sentimientos y personalidad en general:

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos. La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo. Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que queden las cosas que son firmes. Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual vamos á Dios agradándole con temor y reverencia; Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12.25 al 29 – RVR1909).

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