11) La virtud: los principios y valores.


La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         La virtud es Jesucristo mismo, porque el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo representa la virtud, así como lo dispuso Dios Padre: “… para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2.9 – RVR1909). Se dice que la virtud es el poder o potestad de actuar con rectitud, además de la fuerza necesaria para provocar inevitablemente un efecto eficaz, que conserva o restablece un bienestar integral, la paz y serenidad espiritual, por consiguiente el sosiego corporal y mental. La virtud es la disponibilidad habitual y voluntaria de actuar conforme a los principios y valores, que son de gran valor y vigor para la convivencia cotidiana entre seres humanos. Jesucristo es la virtud como guía, referencia o regla para la conducta y comportamiento. La sociedad en general asume como propios la autoría, definición y legislación de los principios y valores, pero en realidad el Autor de los principios y valores es Dios Padre, el Creador de todo lo existente, manifestado mediante su Hijo. Se advierte que el siguiente análisis es fuerte, porque las Sagradas Escrituras dicen: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado; que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR1909).

 

         Para iniciar hay un pasaje mencionado por Jesucristo, donde se entremezcla conceptualmente y se resume con acierto la realidad eclesiástica de toda su historia, tanto antigua, colonial, medieval y primitiva, como contemporánea. El común histórico es el credo religioso y el conjunto de integrantes que lo profesan. La vida histórica de la iglesia ha lidiado paralelamente con la sociedad civil no confesional. El pasaje es algo extenso, pero su transcripción es fundamental, para captar integralmente la idea transmitida por el texto y la interpretación que hacemos en el contexto actual. El pasaje inicia con el texto a continuación: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 6.13 al 14 – RVR1909). En este pasaje Jesucristo nos invita a entrar por la puerta estrecha, pero resulta que él mismo es la puerta como en otra ocasión manifiesta: “Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo…” (Juan 10.9 – RVR1909).

 

         Somos parte del mundo, y vivimos en un mismo planeta, donde no podemos vivir aislados de una sociedad corrupta y descompuesta en todos sus ámbitos, justificada con el pretexto del status social y la supervivencia, la sociedad se ha descarrilado de la verdad de Cristo, se ha desviado del camino y desbocado con ceguera, guiando a las masas humanas cegadas hacia el precipicio, por ejemplo, mediante la dominación histórica, el expansionismo ideológico y territorial, la explotación y robo de la riqueza local o nativa de los pueblos, las guerras genocidas y masacres humanas. El equivalente a la trata de personas, al lucro y la usura en perjuicio de los más desposeídos. Los principios y valores que llevan a la vida eterna son los de Jesucristo, por este motivo ante Dios el Padre, solo Jesucristo basta y sobra, es el camino, la verdad y la vida. Las prácticas injustas del mismo ser humano ocasiona la generación de ocupaciones deshonestas, por falta de una distribución de la riqueza de forma más equitativa y las oportunidades de fuentes de trabajos dignos y honrados.

 

         A continuación con el pasaje en análisis se dice: “Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces” (Mateo 7.15 – RVR1909). El sistema eclesiástico y religioso, debido al crecimiento de la iglesia y la imperante necesidad de regular sus actividades, implementa e impone reglas internas de la iglesia, basadas en creencias, dogmas, estatutos y toda la legislación eclesiástica. Esto es el fraccionamiento cristiano, llámese congregación, denominación, iglesia o religión, que han opacado a Jesucristo con sus propias listas de enseñanzas para alcanzar la salvación, enseñanzas basadas en meras interpretaciones y teorías, determinadas e identificadas para su propio grupo como únicas y verdaderas. Esto sucede al nivel grupal e institucional, porque la organización en sí sustituye la infalibilidad, preeminencia y supremacía de Jesucristo. Se deposita la confianza en un líder o jerarquía de líderes, quienes toman las decisiones y reemplazan el sentido de la vida de Jesucristo. Aún sus líderes tienen una gran oratoria y convencimiento para arrastrar e impresionar a las masas humanas, pero de ninguna manera reflejan o representan el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo.

 

         El interés de estos líderes es el crecimiento del volumen de miembros integrantes de su respectivo grupo eclesiástico, en lugar del servicio fiel a Cristo, es la oportunidad de ver la iglesia como un negocio familiar o personal, como fuente de trabajo y subsistencia asalariada, económica, financiera y presupuestaria. Abunda la capacidad de inventar creencias que remplazan a Cristo en su importancia, prioridad y único medio de salvación y vida eterna establecido por Dios Padre. Esto refuerza la dependencia absoluta a las directrices eclesiásticas para alcanzar dicha salvación. Aunque la Biblia dice acerca de Jesucristo: “Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12 – RVR1909). Se mantiene a los asistentes a la iglesia, congregados o feligreses de manera cautiva, con la creencia de que están en una organización indispensable y única para recibir la salvación y vida eterna. Se vuelven obreros ilegítimos, solamente por amor al dinero y sin vocación de fidelidad y servicio a Jesús, llegan a ser seudo-cristianos pero de ninguna manera discípulos auténticos de Jesucristo. Su misión es formar la iglesia con la prioridad de la institucionalización, en el sentido de la actividad económica y de socialización, durante un tiempo establecido y específico de liturgia y de reunión, una o más veces por semana, antes de la armonía y comunión como una forma de vida en comunidad de fe en el diario vivir, específicamente en el bien común y la ayuda solidaria al más necesitado todos los días de la semana, tanto en lo espiritual como en lo material. Basta analizar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, para hacer conciencia de la acción de Jesucristo, su enseñanza, mensaje, parábolas, consolidado y respaldado en la práctica y vivencia de sus hechos.

 

            Si Jesucristo es nuestra referencia, es la razón de ser de todo lo existente, es la cabeza de la iglesia, es la medida o regla que nos une en una misma creencia, es la sana doctrina, es el maestro o mentor y nosotros el discipulado, es el estándar o vínculo común para todos, entonces, ¿por qué cada día se fundan y surgen nuevas iglesias de denominaciones con creencias muy diferentes entre sí? Seguidamente el pasaje en estudio menciona: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16 al 20 – RVR1909). Los frutos son el resultado o la evidencia de un verdadero arrepentimiento, conversión y resarcimiento. Se insta como requisito el ser una persona templo del Espíritu Santo, pues resulta que los frutos del Espíritu son los principios y valores de la caridad, el gozo, la paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5.22 al 23).

 

            La Biblia dice: “Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1.8 al 9 – RVR1909). A esto se suma el amor, compasión, esperanza, fe, justicia, paciencia, misericordia y demás características o cualidades demostradas por Jesucristo. Por ejemplo, la Biblia dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14 – RVR1909). Cada una de estas palabras tiene un gran significado, y su aplicación es muy amplia en todas las áreas de nuestra vida, por ejemplo, templanza quiere decir constancia, estabilidad, firmeza y dominio propio, tiene que ver con la altivez, el enojo, y la ira, es decir el dominio del carácter y el control posible del temperamento con la mediación de Jesucristo e intervención de Dios Padre: “Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.24 al 25 – RVR1909).

 

         En relación con este análisis hay un pasaje que hace alusión a los principios y valores:

“Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad” (2 Pedro 1.2 al 7 – RVR1909).

 

         ¿Qué tiene que ver las virtudes, como los principios y valores, para la salvación y vida eterna? A esto le sumamos la idiosincrasia de la persona en su combinación de carácter y temperamento. En el caso del temperamento, el mismo es semejante a un chip biológico o circuito integrado biológico, que no cambia en todo el transcurso de la vida del ser humano, solamente por medio de la intervención de Dios para realizar un cambio, conocido como nacer de nuevo: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos á los otros” (Romanos 15.13 al 14 – RVR1909). El algoritmo viene a ser el arrepentimiento, conversión y resarcimiento de la vieja mentalidad del ser humano, reflejada en sus conductas y comportamientos a través del don del Espíritu Santo: “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…” (Efesios 1.17 al 19 – RVR1909).

 

         Las virtudes como los principios y valores, tienen influencia sobre las actitudes, características, convivencia, costumbres, cualidades, cultura, educación, emociones, habilidades, hábitos, prácticas y sentimientos, adecuados para el diario vivir y que en su conjunto aportan la calidad de la espiritualidad de la persona. Esto atañe a las acciones y obra de Jesucristo en su ejemplo y modelo según su demostración y práctica durante su vida. El texto en análisis continúa con el siguiente pasaje: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7.21 al 23 – RVR1909).

 

         Jesucristo representa una forma de vida, una relación de convivencia en armonía con Dios el Padre y con el prójimo, o sea, con las personas a nuestro alrededor. El ser humano al formar parte de un grupo eclesiástico o religioso, se rige por las creencias, doctrinas y dogmas establecidos en su respectiva organización, sea independiente o afiliada a una casa o sede matriz, sea una congregación o una denominación. Sin embargo, a pesar de estas circunstancias donde la persona se identifica como cristiano, es su compromiso primario ante Dios, el ser un discípulo de Jesucristo en la práctica del ejemplo y modelo de vida de Jesús, coherente y congruente a sus principios y valores con la cotidianidad, de lo contrario las personas se catalogan como hacedores de maldad desconocidas por Jesucristo.

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