8) El explorador bíblico y la potencia.


La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         La potencia es la capacidad de llegar a ser, según las facultades mentales del entendimiento, memoria y voluntad, para ejecutar una acción y producir un efecto. En el caso de explorar es averiguar con perseverancia y persistencia hasta llegar al fondo o profundidad de un determinado conocimiento. Para explorar bíblicamente el alcance o límite de la exploración del conocimiento es lo celestial. En una retrospectiva hasta el origen de Dios Hijo, encontramos al Hijo como el punto de partida entre el antes y el después de la creación. Jesucristo testifica personalmente lo siguiente: “Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.” (Juan 17.4 al 5 – RVR1909). Del Hijo se dice ser el principio: “Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1.8, 21.6 – RVR1909).  El Hijo es el principio del origen, por ser el primero: “Que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último…” (Apocalipsis 1.11, 22.13 – RVR1909).

 

         El Hijo es el principio de la creación: “… He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios:” (Apocalipsis 3.14 – RVR1909). El Hijo vive por los siglos de los siglos pero tiene principio: “… No temas: yo soy el primero y el último; Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.” (Apocalipsis 1.17 al 18 – RVR1909). El Hijo fue muerto y resucitado para ascender a los cielos, aunque era Dios Hijo, fue engendrado y enviado a vivir entre los seres humanos: “Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud.” (Colosenses 1.17 al 20 – RVR1909). Fue Dios Padre quien dispuso que su Hijo tuviera toda la plenitud, por lo cual Dios Padre unge al Hijo: “Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;… Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,…” (Hebreos 1.8 al 9 – RVR1909).

 

         Así como en la rebelión los ángeles caídos se unen en contra del Hijo de Dios, otro grupo se mantiene fiel y leal al Hijo. Se aclara que el siguiente pasaje corresponde a un lenguaje simbólico, en alusión al imperio romano y su persecución a los creyentes en Cristo (la simiente), pero sirve para darse una idea de lo sucedido con los ángeles caídos:

“Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo. Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Apocalipsis 12.7 al 9 – RVR1909).

 

¿Cómo ser un explorador bíblico y averiguar con diligencia, para encontrar el poder de la respuesta en la palabra escrita de Dios? En relación con la fidelidad, lealtad o rebelión: ¿Cuál era el propósito de lo sucedido con un sector de los ángeles que tuvieron duda e indecisión al obedecer a Dios?

 

         Una creencia popular antigua dice que los ángeles con duda e indecisos vienen a nacer como seres humanos, así tienen la oportunidad para tomar una decisión definitiva. De la misma manera el Hijo con su ejemplo y modelo de vida, al nacer, morir y resucitar, reconcilia tanto a los de la tierra como a los del cielo: “Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos.” (Colosenses 1.20 – RVR1909). Aparentemente esta reconciliación se refiere a los que eran suyos, o sea la parte del séquito celestial con la duda e indecisión al obedecer a Dios, pero que finalmente se deciden por obedecer con fidelidad y lealtad a Dios:

He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, y guardaron tu palabra. Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos los recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son:” (Juan 17.6 al 9 – RVR1909).

 

         Pero la Biblia dice que el Hijo de ninguna manera vino a salvar a los ángeles caídos que ya habían tomado su decisión: “Porque si Dios no perdonó á los ángeles que habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio;” (2 Pedro 2.4 – RVR1909). Por esta razón vino semejante a un humano que son los portadores de la duda e indecisión al obedecer a Dios: “Porque si la palabra dicha por los ángeles fué firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de retribución,” (Hebreos 2.2 – RVR1909). Además: “Porque no sujetó á los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos.” (Hebreos 2.5 – RVR1909). Y acerca del Hijo en forma de humano:

“Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, á aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar á la gloria á muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos.” (Hebreos 2.9 al 10 – RVR1909).

 

         La rebelión de los ángeles caídos irrespeta la autoridad y reconocimiento de la superioridad del Hijo de Dios y su principado, mientras tanto el Hijo, a pesar de su posición de principal por encima del séquito celestial, viene a este mundo para ejemplo a demostrar su total respeto a la autoridad de su Padre, como el único Dios verdadero: “Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro. Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.” (Juan 20.16 al 17 – RVR1909). Algunos consideran que el siguiente pasaje trata del Hijo, pero en realidad es el Padre, quien es invisible y tiene el trono de reinado, para honra y gloria por siempre: “Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Timoteo 1.17 – RVR1909).

 

         Jesucristo como Dios Hijo, nunca pretende tomar el lugar del Padre, todo lo contrario, le rinde la adoración, alabanza, fidelidad, gloria, honra, lealtad y obediencia a su Padre en toda circunstancia, lugar y tiempo, tanto como Dios y como humano. Asimismo, el séquito celestial fue creado para rendir homenaje y reconocimiento al Hijo, pero el ángel caído se resiste a esta obediencia y subordinación. Se cumple la siguiente parábola, tanto a nivel del cielo como de la tierra: “… Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cando á éste vieren, tendrán respeto. Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra…” (Lucas 20.9 al 19 – RVR1909). Cuando el séquito celestial transgrede su propósito por el que existen, surge la misma interrogante de la parábola: ¿Qué se hará con los que tienen duda e indecisión al obedecer? Hay una pista al respecto, en el caso del profeta Jeremías de quien Dios dice: “Antes que te formase en el vientre te conocí…” (Jeremías 1.5 – RVR1909). Otro pasaje menciona: “Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos;” (Romanos 8.29 – RVR1909).

 

         En relación con este último pasaje hay una comparación con el siguiente: “Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial.” (1 Corintios 15.49 – RVR1909). Dios desde la creación conoce a todos los integrantes del séquito celestial, inclusive los fieles, los indecisos y los rebeldes. Todos tienen preexistencia con cuerpo celestial, luego en el orden surge el cuerpo animal o terrenal en los seres humanos mediante Adán y Eva, con la aspiración de retornar a un cuerpo espiritual, por consiguiente celestial. El orden de estas fases es primero lo celestial, luego lo natural o terrenal, seguidamente lo espiritual y por último el retorno a lo celestial. Dios conoce a los suyos: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos;...” (2 Timoteo 2.19 – RVR1909).  Dios conoce a los suyos, a partir de su Hijo y del séquito celestial. La Biblia dice: “Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo,…” (Efesios 1.3 al 4 – RVR1909).

 

         En el caso de Dios, antes de ser Padre debido a la creación de su Hijo, en ese momento es la única energía existente, con su forma corporal de Espíritu y luz eterna, de manera que Dios es el Eterno, en el sentido de que no tiene principio ni tendrá fin. Dios tiene entendimiento, mente y su propio designio, pensamiento o propósito. Además de sus atributos, carácter, características, cualidades y voluntad. Dios es energía con su fuerza y poder, por esta razón está escrito: “Dios es Espíritu…” (Juan 4.24 – RVR1909). Dios es luz: “Y este es el mensaje que oímos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.” (1 Juan 1.5 – RVR1909). El mismo Espíritu y luz es su forma corporal, por este motivo Dios Padre es invisible y su Hijo es su imagen visible: “El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura” (Colosenses 1.15 – RVR1909). Por ejemplo: “… Dios es amor.” (1 Juan 4.8 – RVR1909). El amor es invisible, pero se hizo visible en la obra y vida de las acciones y hechos de Jesucristo.

 

         Dios es luz, pero una luz inaccesible que solo Jesucristo puede acceder, porque los seres humanos no han visto ni pueden ver: “La cual á su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de reyes, y Señor de señores; Quien sólo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; á quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver; al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.” (1 Timoteo 6.15 al 16 – RVR1909). Dios Padre es luz inaccesible, no obstante, el Hijo de Dios, como verbo o potencia de la palabra de Dios, puede acceder al Padre: “El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas.” (Hebreos 1.3 – RVR1909). Por lo tanto, si Dios Padre es luz, también su Hijo es luz: “Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo” (Juan 1.9 – RVR1909). Jesucristo mismo dijo: “Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo:…” (Juan 8.12 – RVR1909).

 

         Hay una pista en alusión o referencia a la creación del Hijo de Dios, y a la creación de los seres portadores de luz o séquito celestial, en el mismo orden, que es cuando en el primer día se crea la luz: “Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz. Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios á la luz Día, y á las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día.” (Génesis 1.3 al 5 – RVR1909), pero es hasta el cuarto día cuando se menciona al sol, la luna y las estrellas: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas… Y fué la tarde y la mañana el día cuarto” (Génesis 1.16 al 19 – RVR1909). Este caso es semejante en la analogía o comparación, igual al realizado en la referencia a los reyes, donde se insinúa el caso indirectamente del origen de rebeldía de los ángeles caídos o del Lucero querubín portador de luz (Ezequiel 28.14 al 15, Isaías 13.12 al 14 – RVR1909). Este ser de luz es conocido comúnmente como Lucifer o Luzbel. La Biblia contiene muchos simbolismos, para representar conceptos, creencias, situaciones o sucesos: “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero:” (1 Tesalonicenses 4.16 – RVR1909).

 

         El pasaje anterior menciona la segunda venida del Señor, pero menciona al Señor Jesucristo con voz de arcángel. Precisamente en la preexistencia de Cristo se presenta como el principal ante el séquito celestial, quien era conocido como el arcángel Miguel: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió á usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda.” (Judas 9 – RVR1909). Ahora, comparemos este pasaje con otro del profeta Zacarías: “Y mostróme á Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satán estaba á su mano derecha para serle adversario. Y dijo Jehová á Satán: Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido á Jerusalem, te reprenda. ¿No es éste tizón arrebatado del incendio?” (Zacarías 3.1 al 2 – RVR1909). En este caso Jehová Hijo remite la reprensión a la autoridad de Jehová Padre. El nombre de Dios, en cualquier idioma hace referencia a la Existencia y al Ser, pero hay un plural que también encontramos en otro pasaje: “Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos;” (Génesis 19.24 – RVR1909). Entre un dios falso y otro dios falso, se dice dioses, pero en relación con el verdadero en plural se dice Dios, con referencia a Dios Padre y Dios Hijo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1.1 al 2 – RVR1909).

 

         Una vez creado Dios Hijo o el Hijo de Dios, que es lo mismo, Dios Padre le ofrece un obsequio en su honor y reconocimiento, a saber, el séquito celestial y posteriormente el ser humano: “Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por él y para él.” (Colosenses 1.16 – RVR1909). Además toda la creación se constituye en su heredad de primogénito: “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo:” (Hebreos 1.2 – RVR1909). El Hijo recibe la preferencia y el primer lugar: “Pues, ¿á cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate á mi diestra, Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies?” (Hebreos 1.13 – RVR1909). La potencia de la fortaleza de Dios Padre opera y manifiesta la supremacía de su Hijo sobre la creación:

“Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, La cual obró en Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole á su diestra en los cielos, Sobre todo principado y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, mas aun en el venidero: Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas á la iglesia, La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos.” (Efesios 1.19 al 23 – RVR1909).

 

         La resurrección de entre los muertos de Cristo, es diferente a la de Lázaro, porque Jesucristo resucita con cuerpo trasformado, es el primero de todos los que resucitarán para salvación y vida eterna, es la única resurrección que ha ascendido a los cielos y el único ser con la autoridad y potestad de estar a la diestra de Dios Padre. Además es el único que ha recibido un nombre sobre todo nombre, y el único digno de recibir alabanza y adoración, inclusive de rodillas por ser el Señor: “… Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2.9 al 11 – RVR1909). El Hijo es el único Señor, tanto de los muertos como de los vivos, ya que todos comparecerán ante el tribunal de Cristo: “Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven… porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará á Dios.” (Romanos 14.9 al 11 – RVR1909).

 

         ¿Qué pasó con un sector del séquito celestial semejante al acontecimiento actual en toda la humanidad? Lo que pasó fue el rechazo a reconocer el lugar correspondiente al Hijo de Dios, así en la actualidad se antepone y dan importancia a todo lo demás en lugar del Señor Jesucristo, su discipulado y evangelio. Todo esto se ha transformado en los nuevos dioses e ídolos para la humanidad: las creencias y dogmas, la corrupción y las luchas de poder, los entretenimientos y estilos de vida, el expansionismo militar y territorial, la fama y el poder económico, las culturas y filosofías, las civilizaciones y guerras, el libertinaje desenfrenado de los gustos y preferencias, los modelos y modos de vida, lo político anarquista, autoritarismo, dictatorial y el totalitarismo, las reglas eclesiásticas y la religión, el status académico, científico, intelectual, profesional y social, la sabiduría humana y la tecnología, la avaricia, codicia, egoísmo, envidia, lascivia, lucro, odio, opulencia y vanidad,  son cortinas de humo, distractores que ocasionan ruido, para desvirtuar la atención, enfoque y concentración en la preeminencia, supremacía y lo más preciado por excelencia y valía de Jesucristo:

“Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar. Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11.27 al 29 – RVR1909).

 

         Ahora bien, el mundo va tras sus dioses e ídolos, en lugar de seguir en pos del maestro y mentor Jesucristo, quien con su vida como humano, demuestra el amor y la factibilidad de una absoluta obediencia al Padre como el Dios único y verdadero, en reconocimiento de su sola autoridad y potestad:

“Acerca, pues, de las viandas que son sacrificadas á los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más de un Dios. Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él.” (1 Corintios 8.4 al 6 – RVR1909).

 

         En esto consiste la exploración bíblica y la potencia, en trascender y lograr una proyección hacia la vida venidera, desapegarse de este mundo y de lo terrenal, con la potencia de la palabra de Dios y su fortaleza: “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios.” (Hebreos 12.2 – RVR1909).

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