20) La dignidad íntegra de la persona.

La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         La dignidad íntegra de la persona está relacionada con hacerse merecedor de una retribución, como resultado del mérito de las acciones para lograr el aprecio y recompensa, por ejemplo, la fidelidad y lealtad a Dios, tanto fidelidad porque es el Ser Supremo como la lealtad a su intención, plan y voluntad. Esta fidelidad y lealtad a Dios es de su agrado, de manera que la persona logra congraciar, al recibir el afecto, benevolencia y simpatía de Dios Padre. Prevalece la gracia divina y en el ser humano lo imperativo del deber por mandato divino. Hay una gratitud mutua o recíproca, por lo tanto, predomina la obediencia a la voluntad de Dios, un acuerdo o pacto entre las partes: “Y el Dios de paz que sacó de los muertos á nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno, Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13.20 al 21 – RVR1909). Esta dignidad es íntegra en la persona cuando la dignidad se combina con la rectitud, para que sea intachable, sin defecto, falta o imperfección: “Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3.13 – RVR1909). Ser irreprensible es que no merece reprensión, o sea, amonestación y corrección por lo dicho o hecho. De esta manera seguir a Jesucristo e imitar su ejemplo y modelo de vida, en consagración y santificación, posibilita una vida de perfección en Dios, debido a la formación en la decencia. El ser decente es la calidad de la dignidad en los actos y palabras, calidad en el sentido de la excelencia. La dignidad íntegra de Jesucristo es lo más sublime que esta humanidad en su historia ha logrado presenciar.

 

         La dignidad íntegra existe desde el origen o principio, pero la Biblia advierte de la irrupción de ángeles sin conservar la dignidad íntegra: “Y á los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día” (Judas 1.6 – RVR1909). Por esta razón, Jesucristo vino a este mundo a demostrar su propio ejemplo, en el ejercicio de hacer la voluntad del Padre con dignidad íntegra. Los ángeles caídos dejaron su lugar y parte con Dios, abandonaron su destino y servicio a Dios, su morada permanente con su Creador. Al parecer la causa está identificada con el engaño y la mentira, implicado por el orgullo, soberbia y vanagloria, por esta razón los ángeles que cayeron, los absorbió la desgracia, porque atrajeron a sí lo contrario a la gracia de Dios. ¿Por qué los ángeles no guardaron su dignidad? Alguna idea o pista de lo sucedido a los ángeles caídos está en el siguiente ejemplo: “Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah)” (Salmos 4.2 – RVR1909). Así como el ser humano voltea la honra en infamia y ama la vanidad y la mentira, los ángeles caídos abandonan la gloria y honra a su Creador, se envuelven en un complot de engaño, aman más lo falso y vano que la verdad de Dios. Mientras tanto, Jesucristo en este mundo se ofrece como ejemplo de mantener la supremacía del Padre, al ensalzar en primer lugar a Dios Padre, con toda la adoración, alabanza, gloria y honra.

 

         El ángel caído tuvo un deseo intenso por ser admirado y considerado, opacando la Supremacía de su Creador. Este ángel se dejó llevar por su ficción fantasiosa e ilusión vana de subsistir por sí mismo, fuera y sin Dios, lo mismo trata de infiltrar en la ideología, idiosincrasia, mente y pensamiento de las civilizaciones, culturas y sociedades en general, para que vivan sin Dios, deslumbrados por el acumulamiento, adulación, ambición, avaricia, codicia, enriquecimiento, fama, gala, gobiernos dictatoriales, grandeza, lucro, lujo, nepotismo, opulencia, ostentamiento, pleitesía, poder, prestigio, privilegio, reconocimiento, status social, usura, vanagloria y vanidad, en contraste con la injusticia de los que viven en empobrecimiento y miseria, con muchas necesidades de subsistencia. La Biblia dice: “Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará á cada uno conforme á sus obras” (Mateo 16.26 al 27 – RVR1909).

 

         La Biblia dice: “Bienaventurado el hombre que puso á Jehová por su confianza, Y no mira á los soberbios, ni á los que declinan á la mentira” (Salmos 40.4 – RVR1909). Una falacia divulgada en las sociedades, es aquella que intenta inducir a otros a vivir sin Cristo, con la presunción de que a pesar de una vida sin Cristo, igual se recibirá salvación y vida eterna por otros medios, fuera del establecido por Dios Padre. Jesucristo es el mediador entre Dios Padre y el ser humano en general: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador; El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; El cual se dió a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos” (1 Timoteo 2.3 al 6 – RVR1909). Recordemos que el ángel caído tuvo la oportunidad en el Edén, de enmendar o rectificar su decisión de adversidad a Dios, pero confirma su determinación al influenciar en Adán y Eva, a comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, su acción es con maldad y vileza a través del engaño despreciable e indigno: “Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Génesis 3.13 – RVR1909).

 

         Adán y Eva, además de su capacidad de poder de decisión, hacen uso de su facultad de cuestionar e investigar, pero afectados por su temperamento, en lo relacionado a la duda e indecisión al obedecer a Dios. Lo que pasa es que la influencia recibida de su entorno, como parámetros de referencia a la hora de tomar una decisión, es de mal proceder porque interviene la manipulación y el engaño del ángel caído. Esto significa que el discernimiento y criterio propio de la persona, es indispensable cuando tiene la mirada puesta en Jesucristo, para gloria y honra de Dios Padre:

“Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida” (Juan 6.43 al 48 – RVR1909).

 

         Hay un pasaje donde se indica al obrero como digno de su salario: “Porque la Escritura dice: No embozarás al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su jornal” (1 Timoteo 5.18 – RVR1909). Todo ser humano requiere un desempeño, labor, ocupación o trabajo para dignificar su subsistencia, porque es fundamental su alimentación: “… porque el obrero digno es de su alimento” (Mateo 10.10 – RVR1909). Después de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo, para preservar la vida natural, espiritual y celestial, el ser humano requiere el trabajo para sobrevivir o la remuneración salarial del trabajo, para adquirir sus necesidades básicas de subsistencia, porque el trabajo mismo es creación de Dios y dignifica al ser humano: “En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado” (Génesis 3.19 – RVR1909). Algunos desordenadamente dejaron de trabajar, porque creyeron con la inminente segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, que ya no había más que hacer sino esperar el regreso del Señor: “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4.16 al 17 – RVR1909). Esto se rectifica en la segunda carta de Tesalonicenses:

“Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros, Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos á ninguno de vosotros; No porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis. Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear. Y á los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan. Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien” (2 Tesalonicenses 3.7 al 13 – RVR1909).

 

         Además del trabajo establecido por Dios para dignificar al ser humano, Dios determina a los empleadores o patronos de los obreros, el respeto de un día a la semana para descanso o reposo de sus trabajadores: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra: Mas el séptimo es reposo á Jehová tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino que está dentro de tus puertas: porque descanse tu siervo y tu sierva como tú” (Deuteronomio 5.13 al 14 – RVR1909). Según las leyes laborales o hasta religiosas propias de cada país, este día libre de descanso podría ser viernes, sábado o domingo. En algunos casos se determina a convenir entre el empleador y el trabajador. El problema de la población es el desempleo y la falta de remuneración, esto implica escases en la solvencia suficiente para la manutención y de la familia. También afecta el empleo que llaman informal, con nada o mínimos beneficios o garantías sociales, como el seguro de salud, la jubilación o pensión por invalidez, vejez o fallecimiento con beneficiario familiar. Esto depende de muchos factores involucrados en la consecución de trabajo, según la zona geográfica mundial y recursos de cada nación. Por lo tanto, como hemos visto, tanto el trabajo como un día de descanso a la semana son establecidos por Dios. Esto es importante para contribuir con la dignificación del ser humano, especialmente para la supervivencia en lo que atañe a lo natural, pero en aspectos espirituales y celestiales, la dignidad íntegra de la persona, contribuye a su condición o estado de ser irreprensible, sin reprensión, o sea, sin merecer amonestación y corrección, por su camino de perfección, al decidir y practicar a cabalidad el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo.