14) Las emociones y sentimientos.


La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

         La Biblia contiene textos claves o llaves para abrir la comprensión y el entendimiento, por ejemplo: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado” (Deuteronomio 24.16 – RVR1909). En reiteradas menciones hemos confirmado acerca de la transmisión de la simiente del bien y del mal en cada ser humano, como aprendido e influenciado por ciertos factores externos a cada persona. La Biblia dice: “Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos… éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá” (Ezequiel 18.14 y 17 – RVR1909). La maldad de ninguna manera procede, previamente al nacimiento de un humano, ni se trae desde su nacimiento, sino la Biblia manifiesta el inicio del mal desde la juventud: “…porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud…” (Génesis 8.21 – RVR1909); juventud entendida desde la pubertad en su transición entre la niñez y la condición de adulto joven.

 

         En esta etapa mayormente se manifiesta la aptitud, ya sea por disposición natural o adquirida, para ejercer diversas tareas en la vida. Aunque muchas veces en lugar de idoneidad se aprenden malas costumbres y el vicio de las corrientes sociales. El hecho de la existencia de maldad en los padres en el momento de la concepción: “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.5 – RVR1909), jamás representa el engendrar o procrear la maldad en el cigoto, embrión o feto, todo lo contrario, cada ser humano en gestación es posesión de Dios y digno de formación a plenitud de sus órganos, riñones y corazón, con su significado y simbolismo, conductual, espiritual y psicofisiológico o de psicología fisiológica (mi embrión vieron tus ojos, ¿el embrión ve los ojos de Dios o los ojos de Dios ven al embrión?):

“Porque tú poseiste mis riñones; Cubrísteme en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: Estoy maravillado, Y mi alma lo conoce mucho. No fué encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fuí formado, Y compaginado en lo más bajo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas. Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas!” (Salmos 139.13 al 17 – RVR1909).

 

         Un recién nacido ni sabe ni tiene bien o mal, sino conforme crece y se desenvuelve con su entorno, adquiere la influencia en un sentido u otro, según su propia responsabilidad al asumir las consecuencias de sus acciones, decisiones y reacciones, conforme a su concientización. De forma innata, o sea, connatural el ser humano es portador de la duda e indecisión congénita al obedecer a Dios. Esto es propio de la naturaleza del humano desde su nacimiento, pero la duda e indecisión es neutra, en el sentido de intermedia entre el bien y el mal. El bien es caliente, el mal es frío, en la duda e indecisión hay tibieza: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.15 al 16 – RVR1909). Esta expulsión se presenta en quienes camuflan la mentira en apariencia de verdad, en la inducción de tener por cierto lo que no es, y la indiferencia en ver lo verdadero. A esto le llamamos el temperamento con la patología de la duda e indecisión al obedecer a Dios. La Biblia lo representa en la dureza de corazón o el corazón duro de piedra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17.9 al 10 – RVR1909). Jesucristo es ejemplo y modelo para seguir su camino y hacer sus obras, en reconocimiento de la decisión de obedecer a Dios Padre. La inclinación y tendencia por naturaleza del ser humano en la práctica del mal, es en relación con la edad y su medio donde convive, pero a partir de su discernimiento del bien y del mal, la toma de decisiones y sus hechos.

 

         Los riñones figuradamente se comparan con la pasión de las actitudes, emociones y sentimientos. Es una vehemencia, movida con eficacia, ímpetu y fuerza, capaz de perturbar el estado de ánimo y de nublar la reflexión, inclusive trastornar la buena disposición y orden de las ideas razonadas, por consiguiente alterar el dominio de la voluntad. Lo que popularmente se conoce como actuar con el hígado, vendría a ser actuar con los riñones, hasta perder la paz y la tranquilidad, por ejemplo, los celos, envidia, odio, rencor, resentimiento y venganza. Inclusive cometer injusticias donde no hay marcha atrás, una vez llegado el reconocimiento y reflexión de lo actuado o dicho. Aquí es cuando se requieren las actitudes, emociones y sentimientos de Jesucristo en nosotros, porque ya nuestro Señor Salvador hizo un solo sacrificio, con todo su corazón y riñones para mostrar un Camino de ejemplo y modelo de vida cotidiana. Esto incluye amor, bondad, compasión, dignificación, generosidad, misericordia, respeto, solidaridad y tolerancia. El corazón también representa la conexión del pensamiento en las actitudes, emociones y sentimientos. Es la parte conocida como psicofisiología y psicología fisiológica, en ambos sentidos, al parecer también llamada neurociencia cognitiva, relacionada con el comportamiento y la conducta corporal, según la relación con el cerebro del individuo.

 

         En otro apartado entre los artículos de fe del Neobiblismo la hemos llamado La Psicoteología por su relación con el cerebro del individuo y su manifestación colectiva en lo social, con su componente de espiritualidad en la búsqueda del auxilio o favor de Dios, ya que el ser humano también por lo general y por naturaleza tiende a ser religioso. La Psicoteología está entre los escritos más interesantes del Neobiblismo, por la innovación del conocimiento celestial transmitido solo por Jesucristo, según la determinación de Dios Padre de establecer a su Hijo como el centro de la ley y la profecía, útil para el diario vivir o vida cotidiana, por ejemplo, en lo que atañe a las actitudes, emociones y sentimientos necesarios para la salvación y vida eterna, según el ejemplo de vida en Jesucristo:

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como á espirituales, sino como á carnales, como á niños en Cristo. Os dí á beber leche, y no vianda: porque aun no podíais, ni aun podéis ahora; Porque todavía sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolos; ¿no sois carnales?” (1 Corintios 2.16 al 3.4 – RVR1909).

 

         El pasaje anterior corresponde al fraccionamiento cristiano, con actitudes, emociones y sentimientos ajenos a la mente y pensamiento de Cristo. La cognición tiene un significado relacionado con el conocer y por consiguiente su efecto, con la ayuda de la percepción y del paradigma propio de cada persona. Es una sensación de conocimiento interno, cuyo resultado está basado en la impresión obtenida mediante los sentidos y el ejemplo y modelo asumido por cada quien, en nuestro caso tomamos como medida, parámetro y referencia a Jesucristo. Si alguno es un cristiano que considera como meras o simples las actitudes, emociones y sentimientos de Jesucristo, sin importancia de ejemplo y modelo de vida cotidiana, necesaria para la salvación y vida eterna, porque valora solamente las creencias que le han inculcado, entonces está confundido, desorientado y equivocado al respecto, ignora las Sagradas Escrituras y el Poder de Dios. Es un cristiano guiado por su temperamento duro y entenebrecido, sumido en interminables listas de creencias vanas, sin sentido para la vida en Cristo, largas confesiones de fe y dogmas, que se quedan solamente en ordenanzas de fe congregacionales, denominacionales y eclesiásticas, que nunca logran cambiar el carácter del creyente, menos la personalidad en forma integral, las personas se quedan estacionadas y estancadas, muy distantes de lo que es ser verdaderos discípulos de Jesucristo.

 

         El que lee, lea entre líneas y profundice la palabra de Dios. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre creyentes y cristianos? (Santiago 4.1 al 3). Se codicia y se envidia pero lo del mundo, en lugar de una codicia y envidia de hacer fielmente la obediencia y voluntad de Dios, con toda la confianza y seguridad, según el ejemplo y modelo de Jesucristo. Nuestra atención y amor está más distraído y entregado a lo eclesiástico, en la competencia y lucha en el fraccionamiento cristiano, que en Jesucristo mismo. Somos realmente verdaderos religiosos más que discípulos de Jesucristo:

“Hasta que todos lleguemos á la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, á un varón perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de Cristo: Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error: Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, á saber, Cristo; Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor. Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido. Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así á Cristo: Si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús, A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error; Y a renovarnos en el espíritu de vuestra mente, Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad. Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; Ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad. Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención. Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.13 al 32 – RVR1909).

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